Romance de la Tierra rota

 (A la memoria de los niños de Palestina)

En la luna de Gaza lloran

los pulmones sin consuelo,

y los almendros se mueren

con su savia hecha silencio.

Por las calles sin mañana

camina un niño sin cuerpo,

solo sus ojos de arena

flotan rotos por el viento.

Tiene un diente de granada

y el corazón de cemento,

porque un dron le arrebató

las canciones y el aliento.

Su madre grita en la plaza

con las venas en el suelo,

y el pan, que antes fue paloma,

es ceniza en su pañuelo.

La sangre pinta grafitis

en los muros del desierto:

“¡Aquí nacen los que mueren

sin haber pisado el suelo!”

Desde torres de oro y humo

los monstruos sin sentimientos

venden mapas, cierran ojos,

fingen paz con malos gestos.

Pero el alma de la tierra

gime honda en cada hueco,

y la luna no da luz

porque el cielo está cubierto.

Una niña alza los brazos

como ramas contra el fuego,

y pregunta si algún día

la justicia será verbo.

Con el planeta dormido,

oliendo a guerra y dinero,

siguen cayendo los niños

como pájaros sin vuelo.

Palestina, desvelo

de la tierra y del lamento,

¿quién recogerá tu llanto

si los ríos van sin dueño?